Sachie Kanashiro
Coordinador Académico - CIDUP

Liderazgo reflexivo: ¿Listo para el cambio?

A veces se piensa que para ser líder basta encajar en un perfil. Es así que algunas personas asumen que no se puede ser líder si no se ocupa una posición de autoridad, si no se ha nacido con las habilidades para serlo (líderes natos) o si se es muy introvertido pues no se podría ejercer ningún tipo de influencia. Asimismo, hay quienes consideran que un líder no puede ser un seguidor: o se lidera o se sigue. Sin embargo, liderar es utilizar nuestra influencia para un propósito que valga la pena. Si bien hay líderes natos (líderes habituales), hay quienes encuentran ese algo que los apasiona, esa situación que hace brotar sus fortalezas y los convierte en líderes (líderes situacionales). Una posición de autoridad no garantiza el ejercicio de influencia sobre el equipo; así como la timidez no lo impide. Según los sociólogos, la persona más introvertida ejerce influencia sobre otras 10,000 personas durante el transcurso de su vida.

En el campo de la enseñanza, el liderazgo se torna reflexivo y se basa en un propósito moral que busca marcar una diferencia positiva en la vida de los alumnos; busca entender el cambio reconociendo que las culturas pueden necesitar cambios; y se enfoca en crear y compartir conocimientos teniendo en cuenta que el aprendizaje no es solo transmitir información, sino crear conocimiento. Del mismo modo, busca construir una relación de colaboración y diálogo, actuar coherente y no aisladamente, y lograr la relación dinámica y recíproca entre las cualidades personales y el liderazgo efectivo.

Cómo el docente lidera es importante. Cómo trata a los alumnos, cómo interactúa, cómo resuelve conflictos y cómo da retroalimentación influye directamente en sus alumnos. El líder reflexivo debe tener conciencia de sí mismo. Es decir, ser capaz de conocerse: conocer sus fortalezas y limitaciones. De la misma manera, debe tener la habilidad de descifrar el significado de lo que ve y lo que oye. Finalmente, debe conocer los estilos personales de sus alumnos, cómo trabajan y qué los motiva para poder acercarse a ellos tomando en cuenta sus necesidades, fortalezas y áreas a mejorar.

En esta línea, la práctica reflexiva del docente juega un papel muy importante ya que un docente muestra su liderazgo a través de su metodología, de la manera cómo conduce el proceso enseñanza-aprendizaje. Así, esta práctica gira en torno a preguntas específicas: ¿qué estoy haciendo?, ¿por qué lo estoy haciendo?, ¿qué tan efectivo es?, ¿cómo responden los alumnos?, ¿qué cambios necesito implementar?, ¿cómo lo puedo hacer mejor? Se trata de un proceso cíclico: una vez que se empieza a implementar cambios, el proceso reflexivo y evaluativo empieza otra vez: monitorear + evaluar + revisar nuestra propia práctica.

Un líder reflexivo en la enseñanza es, por tanto, una fuente de influencia capaz de generar una diferencia positiva en la vida de sus alumnos. Es aquel docente que ve el proceso de enseñanza-aprendizaje como una relación dinámica basada en el diálogo y que busca, más que transmitir información, crear conocimiento a través de una práctica basada en un proceso reflexivo y evaluativo.

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